Ante la falta de pago de las horas extras, un trabajador se consideró despedido. Presentó como prueba a un testigo, también en litigio con la empresa. Ese único testimonio “carece de suficiente valor probatorio y entidad convictiva”, dijo el fallo.
Juan Díaz se consideró despedido porque su empleador no le había pagado las horas extras. Dejó su trabajo y empezó una demanda laboral. Presentó como prueba los dichos de un único testigo, que también estaba en litigio con la empresa. Ahora los jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo confirmaron el rechazo de la demanda.
Díaz reclamaba el pago de horas extras trabajadas durante los meses de mayo, junio, julio y septiembre –las cuales según aduce eran abonadas de manera extracontable-. No presentó más pruebas que el testimonio de otro empleado. El juez que intervino en primera instancia consideró que el vínculo existente entre las partes había quedado disuelto por voluntad del trabajador, invocando para ello el silencio de la demandada ante sus requerimientos. Y que la “decisión rupturista” que adoptó fue “injustificada”. Afirmó también que no bastaban los dichos de un único testigo para demostrar el vínculo laboral, ni las horas extras que Díaz dijo haber trabajado.
Ahora la Cámara confirmó la sentencia de primera instancia. Los jueces explicaron que “el actor” intentó valerse de la declaración de un testigo que “tiene juicio pendiente con la demandada y que además reviste el carácter de testigo único”. Explicaron que ese único testimonio “carece de suficiente valor probatorio y entidad convictiva”.